Los niños de Madrid descubren que hay amigos fuera del cole
El Encuentro Diocesano de Niños les enseña a través de la magia y las yincanas que no están solos y ya pueden imitar a modelos como santo Domingo Savio
Javier Dancausa, aparte de profesor en Nuestra Señora del Recuerdo, es mago profesional, lo que suele meterle en líos. «Me dejo convencer para cosas como esta muy fácilmente», nos confiesa sobre su última actuación, el pasado sábado en el Seminario Conciliar de Madrid. Allí ejecutó para centenar y medio de niños un espectáculo de 45 minutos con todo tipo de trucos en línea con la catequesis que recibieron por la mañana. «Hice uno con cartas que hablaba de cómo Dios te da una opción de vida y luego te aparecen otras. O, con una cuerda que se transforma en dos, les advertí sobre el riesgo de llevar una vida paralela a la que dice el Evangelio», detalla. El motivo que los convocaba era el Encuentro Diocesano de Niños, una iniciativa organizada por la Delegación de Jóvenes de la archidiócesis con dos objetivos fundamentales: explicar a los pequeños de manera muy divulgativa que también están llamados a ser santos y mostrarles que hay más como ellos en otras parroquias similares a la suya y pueden hacerse amigos entre sí.
Entre truco y truco, Dancausa sabía con qué pregunta reactivar a su público y que le jaleara: «¿Vosotros de quién queréis ser amigos?». A lo que respondían enardecidos: «¡De Jesús!». Y él les recompensaba con más ilusiones, como cuando multiplicó unas bolsitas de té, sacó un naipe de un plátano o les animó a «robarme un anillo, el dinero y mi reloj para que todo acabara volviendo a mí».

Enseñar lo que se recibió
La historia es colorida, pero tiene más miga porque Javier aprendió magia de niño en entornos de Iglesia, pone su don al servicio de los chavales de hoy y, si la semilla brota, alguno de ellos será el que sorprenda el día de mañana a otros pequeños aún por nacer. Afincado en Madrid —él es de Burgos—, estudió con los jesuitas «y estoy muy vinculado a ellos, pero también soy muy fan de los salesianos de Juan Bosco»; entre otros motivos, porque el santo aparece en biografías de magos y solía decir a sus alumnos: «Si vais todos a Misa, a la salida os hago un truco». Algo que Dancausa ha visto en persona en misioneros destinados en Tailandia, o aconsejado en foros de prestidigitación con enfoque cristiano. A su juicio, lo más importante es que el espectáculo tenga un mensaje. El que le gustaría dar es «que Dios va a estar siempre para ellos, que confíen en Él, se dejen en sus manos e intenten disfrutar del presente y hacer felices a los demás».
Empezar por lo pequeño
Luis Filipe Rodrigues, director del Secretariado de Infancia y Juventud de la archidiócesis, nos cuenta que, con la beatificación de los seminaristas mártires de Madrid programada para el 28 de noviembre, este encuentro ha servido para preparar a los niños y hacerles esa primera invitación a la santidad. Para ello se les propuso la figura de santo Domingo Savio, niño como ellos y «quien vivió y comprendió la alegría de estar con Dios». ¿Cómo explicárselo a un chaval de 8 años? Según este sacerdote, invitando a «hacer bien las pequeñas cosas». Después, en una Misa en la Almudena presidida por Vicente Martín, el obispo auxiliar les explicó que «ser santo no es poner cara de aburrido ni hacer cosas imposibles» sino «dejar que el amor de Jesús brille a través de ti». También les dio pautas para encajar con sabiduría las victorias y derrotas pues, aunque algunos tuvieron mejor resultado que otros en la yincana, «no se gana por ser el que más sabe, el que más puntos tiene ni el más fuerte sino el que más ama».
«Cuando nos vamos de convivencias, es la primera vez que muchos de nuestros niños duermen fuera de casa y suelen preguntar: “¿Me vas a poner en los grupos con mi amigo?”. A su amigo ya lo verán en los ratos libres, pero tienen que aprender a jugar con gente de su edad que no conocen». Es la explicación que nos da Lauro Martín, responsable del Centro Juvenil Atocha, sobre el aislamiento al que se ven sometidos los niños de hoy. «Y el problema es que esas peticiones muchas veces quienes las hacen son los padres», detalla este salesiano.
Este club de tiempo libre que coordina Martín es en realidad más profundo. Los viernes ofrece de 19:00 a 21:00 horas un ocio alternativo para adolescentes de 14 años en adelante. Y los sábados, catequesis y otras actividades desde los 8 años. Para muchos es la única oportunidad para juntarse con niños fuera de clase. Otros muchos, al ser del barrio, se acercan aunque no estudien en el centro. «De aquí tienen que salir sabiendo compartir sin miedo, hablar de su mundo interior, no resolver los problemas eliminando a gente e intentando encontrarse con Dios».Compartir en X (se abre en una ventana nueva)
«El de al lado puede ser amigo»
Más allá de estas catequesis sencillas, otro de los objetivos fundamentales del Encuentro Diocesano de Niños es que «puedan abrirse a otros a su alrededor y, aunque estén con su grupito, sepan que el de al lado puede ser amigo». Parece una lección básica, pero es difícil encontrarla fuera de iniciativas eclesiales como esta. Según el Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio, el 49 % de los niños españoles pasan menos de una hora de juego al aire libre al día. Esto, combinado con una asfixiante agenda de extraescolares y con que el 69 % pase más tiempo con pantallas de lo que recomienda la OMS, provoca que tengan un minúsculo círculo social y no sepan cómo romper el hielo con un semejante.
En este mezclaron chavales de todas las edades en grupos «donde cada uno pudiera aportar» —esto es, evitando que los mayores se erigieran en portavoces de todos— y fueran «una misma familia». Es una forma de desarrollar una cultura alternativa a la que, según Rodrigues, «cada vez vemos más en los colegios, donde muchos niños sufren acoso y están más cerrados a tratarse con otros». De hecho, revela que, «para muchos, esta es la primera vez que se juntan con tantos niños fuera del cole». El remedio, propone, es «crear espacios seguros donde se sientan acogidos». Una intuición que el salesiano Lauro Martín, responsable del Centro Juvenil Atocha, apuntala reivindicando que «solo en entornos de Iglesia se dan espacios de tiempo libre educativo sin que esté mercantilizado o haya una ideología debajo». Por último, Luis Filipe Rodrigues alega que «si de pequeños los vamos integrando en la Iglesia, después serán jóvenes y, luego, familias. Es un camino que hay que ir tomando».
El sábado vivimos en el Seminario Conciliar de Madrid el Encuentro Diocesano de Niños, en el que pequeños de varias parroquias, de 8 a 12 años, se unieron con sus catequistas para vivir una jornada llena de aventuras con el objetivo de tocar un tema muy importante: la santidad. ¡Y es que todos podemos ser santos! ¡Incluso ellos, los niños!
El día estuvo repleto de actividades en las que pudieron entender cómo llegar al cielo. Lo iniciamos con una oración para encomendarnos a Dios y para que nos acompañara en cada momento, así como un pequeño momento musical para despertar la emoción y la alegría.
A continuación nos reunimos en grupos para participar en una yincana y una búsqueda del tesoro. Pero no cualquiera, sino una que enseñaba a nuestros protagonistas del día cómo, al vivir las bienaventuranzas, Jesús nos recompensa y nos guía con un mapa para encontrar el tesoro más grande de nuestras vidas: la santidad. Y lo más especial de todo es que es una meta a la que se nos invita a llegar en comunidad.
Después de comprender este gran mensaje, tuvimos una breve catequesis en la que pudimos seguir hablando de cómo ser santos y los niños conocieron la historia de un niño que, por rezar mucho, ayudar a sus padres y, especialmente, querer mucho a Dios, se convirtió en uno. Y si él pudo, entonces eso significa que todos los niños pueden serlo. Además, nos visitó un mago increíble que nos brindó su magia y nos hizo disfrutar y asombrarnos con todos sus trucos, sin dejar de mencionar nunca lo bueno que es Jesús y cuánto nos quiere.
Finalmente, nos fuimos en peregrinación hasta la catedral siguiendo la cruz de Jesús, y tuvimos una Eucaristía para nuestros niños, en la que les hablaron de que lo esencial para llegar al Cielo es amar. Si amamos de todo corazón al Señor, a los demás y a nosotros mismos, tenemos el cielo ganado, y es lo más importante que podemos hacer.
Los niños imitan, admiran y confían en los mayores. Si reciben amor de nuestra parte y les hacemos darse cuenta del amor que reciben de Jesús, entonces ellos también aprenderán a amar mucho y a hablarle de manera natural a los demás de Dios.
Sofía Marcano
Voluntaria en la Delegación de Jóvenes de MadridCompartir en X (se abre en una ventana nueva)