«Si se hubieran tomado más en consideración las palabras del Papa la situación en Francia sería mejor»
Philippe Orliange, el delegado del departamento de Catolicidad de la Iglesia del episcopado francés, pide distinguir las protestas contra las deficiencias del sistema educativo de la violencia desatada por grupos antisistema. «Son dos cosas distintas», explica en entrevista con Alfa y Omega
—En las protestas de Francia se pueden ver desde banderas comunistas hasta jóvenes musulmanes o los famosos chalecos amarillos. ¿Hasta qué punto todo esto es espontáneo? ¿Quién está detrás de las protestas? Y, ¿contra qué luchan?
—Hay dos cosas distintas: Las protestas y la violencia. Según ha informado la Policía, los que protestaban por la mañana no son los mismos que causaban los disturbios por la noche. Entre estos últimos, se ha identificado a los Black Bloc [que reúne a activistas vinculados con corrientes anarquistas, anticapitalistas y antifascistas, que rechazan los partidos políticos y las organizaciones jerárquicas], cuya violencia ha sido aprovechada por algunas personas para saquear tiendas. Pero su lucha hay que distinguirla de las protestas contra las deficiencias del sistema educativo que se convocaban por la mañana.
—¿Cuáles son las raíces de la violencia? ¿Es fruto de la tensión del momento o hay algo más de fondo?
—Existen varias interpretaciones diferentes. Hay quienes dicen que hay una violencia inherente al orden social. Según esta visión, la primera violencia es la ejercida por las desigualdades, por la falta de oportunidades para los jóvenes. Entonces hay grupos que en otra ocasión se hubieran manifestado de forma pacífica que ahora lo hacen de manera violenta en respuesta a esta primera violencia derivada de la falta de oportunidades. Y luego está la violencia de los grupos de los que le hablaba antes, los Black Bloc, que se infiltran en manifestaciones pacíficas para aprovecharse de la situación y crear disturbios violentos sin otro objetivo que el de la propia violencia.

—El Papa León XIV visitó recientemente el país. ¿Estamos ante dos Francias, la que recibió al Santo Padre con alegría y esperanza y la que siempre las calles de caos y violencia?
—Hay un claro contraste entre la participación pacífica de decenas de millares de personas en la visita del Papa y los disturbios. A la luz de lo que está sucediendo, las palabras del Pontífice son aun más proféticas. El Papa habló precisamente de la convivencia pacífica dentro de la sociedad, de la necesidad de reconocer al otro como ser humano e invitó a los jóvenes a ser constructores de comunidades. Creo que si se hubieran tomado más en consideración las palabras del Papa la situación del país sería mejor.
—¿Cuál es la postura de la Iglesia ante las protestas? ¿Se ha lanzado alguna propuesta concreta de diálogo?
—Propuesta formalizada, como se ha hecho en otras ocasiones, no. Pero sí se han sacado varios comunicados al respecto y luego la Conferencia Episcopal lanzó una carta a todos los jóvenes en la que se les pedía combatir la injusticia sin recurrir a la violencia, el desprecio ni la opresión. Les proponían llevar a la práctica los mensajes del Santo Padre en el país. Al final es un mensaje universal, para todos, porque el Pontífice habló de la responsabilidad de cada uno. Cada persona tiene parte de la solución a los problemas en sus manos.