Ediciones Encuentro acaba de publicar una nueva joya de Gilbert K. Chesterton que viene a enriquecer el tesoro de su catálogo. Se trata de Los crímenes de Inglaterra, que ha prologado felizmente Miguel Romero. Como advierte el prologuista, el título no debe llevarnos a engaño: se trata de la habitual ironía del autor, que so pretexto de acusar a Inglaterra, termina levantando el más duro pliego de cargos contra Alemania en la Gran Guerra. En honor a la verdad, los reproches se dirigen más a Prusia que al Imperio alemán, pero en aquellos tiempos el Reich había asumido el militarismo herencia de Federico el Grande.
Así, contra esa militarización de la sociedad, que Chesterton identifica con una maquinaria fría y deshumanizada, alza la voz nuestro inglés en defensa del sano conservadurismo que lo ha hecho célebre hasta nuestros días. En realidad, el lamento de las faltas de Inglaterra apunta más al fracaso en impedir el ascenso de Alemania que a los propios valores que Inglaterra defendió en la Gran Guerra. De hecho, el autor se remonta muy atrás en la historia para advertir que la amenaza germánica venía de antaño y que Inglaterra erró al no conjurarla. Estuvimos muy equivocados cuando participamos en impedir que Europa pusiera fin a las impías piraterías de Federico el Grande. Estuvimos muy equivocados cuando permitimos que el triunfo sobre Napoleón fuera ensuciado con el fango y la sangre de los salvajes hoscos de von Blücher. Estuvimos muy equivocados cuando permitimos que el pacífico rey de Dinamarca fuera despojado a plena luz del día por un bandido llamado Bismarck; y cuando permitimos que los fanfarrones prusianos esclavizaran y silenciaran las provincias francesas, que ni podían gobernar ni persuadir.
Sin embargo, sería una limitación quedarse en la crítica a Alemania. Es toda la modernidad mecanicista, burocrática y antihumanista la que comparece ante el tribunal de la tradición humanística más rica. Chesterton fustiga la falta de piedad, de compasión y de misericordia propia de nuestro tiempo y no libra del látigo ni siquiera a su propia patria.
Este libro, además de una excelente reflexión sobre la Gran Guerra y el camino que condujo a ella, es un brillante ejemplo de claridad moral a la hora de enjuiciar no sólo a los otros pueblos, sino también al propio. En este sentido, Chesterton demuestra una vez más que el primer compromiso de un intelectual es con la verdad. Estas páginas sirven de prueba y testimonio.
Gilbert K. Chesterton
Ediciones Encuentro
2026
142
18 €