El cardenal Blázquez admite que la Iglesia «probablemente» llegó tarde ante los abusos
El cardenal reconoce que la respuesta a las víctimas se demoró y recuerda que la crisis no afecta únicamente a los abusos sexuales, sino también a los de autoridad, poder y conciencia. «Cuando uno escuchaba aquellos acontecimientos, quedaba sobrecogido», afirma
El cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo emérito de Valladolid y expresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha reconocido que la Iglesia llegó tarde a la hora de afrontar los abusos sexuales. «Probablemente todos habíamos llegado tarde a esta cuestión. En las familias también y en las sociedades», ha afirmado en el segundo videopódcast publicado este jueves 29 de octubre por la Conferencia Episcopal, con motivo del 60 aniversario de la institución.
Blázquez recuerda especialmente el encuentro convocado por el Papa Francisco en febrero de 2019 en el Vaticano, que reunió a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para abordar la crisis de los abusos sexuales a menores. Aquellas jornadas, explica, supusieron un momento de toma de conciencia. «Todos tuvimos la oportunidad en aquellos días de hablar con libertad y con confianza ante personas que participábamos de una forma o de otra en un problema semejante».
El purpurado, que presidió la CEE entre 2005 y 2008 y entre 2014 y 2020, amplía además el alcance del problema más allá de los abusos sexuales. «Puede haber abusos no solo sexuales, sino también de autoridad y poder y de conciencia. Y a veces unos abusos llevan consigo otros», advierte.
El cardenal defiende que, desde entonces, la Conferencia Episcopal ha ido dando «pasos muy importantes de una manera constante», especialmente mediante la apertura al diálogo con quienes han sufrido abusos. En este sentido, recuerda los encuentros personales mantenidos con víctimas y personas que habían padecido estas situaciones. «Cuando uno escuchaba aquellos acontecimientos, quedaba sobrecogido», reconoce, al evocar el dolor que le produjeron sus testimonios.
«No debe haber vuelta atrás»
Preguntado por el camino recorrido, Blázquez no deja espacio a la marcha atrás. «No hay vuelta atrás, no debe haber vuelta atrás», afirma. Y extiende esta exigencia no solo a la Iglesia, sino también a otros ámbitos sociales: «Ni en las familias, ni en la educación, ni en el campo deportivo, ni efectivamente en la Iglesia».
La entrevista se enmarca en la serie de videopódcast que la CEE está publicando con motivo de su 60 aniversario, en los que conversa con quienes han presidido la institución durante las últimas décadas. Tras el primer episodio, dedicado al cardenal Antonio María Rouco Varela, el segundo tiene como protagonista a Blázquez. El cardenal Juan José Omella será entrevistado el 4 de noviembre y el actual presidente de los obispos españoles, Luis Argüello, cerrará la serie el día 10.
Los cuatro prelados aparecerán también en el documental 60 años de la CEE: una historia compartida, cuyo estreno está previsto en torno a la próxima Asamblea Plenaria de los obispos españoles, que se celebrará del 16 al 23 de noviembre.
Del diálogo con el Gobierno a la lucha contra ETA
En la conversación, Blázquez repasa también otros momentos de sus años al frente del episcopado español, como la crisis económica de 2008, la violencia de ETA o la crisis institucional de Cataluña en 2017. Sobre esta última, recupera una expresión que hizo suya durante su presidencia: «La concordia fue posible, la concordia es posible y la concordia debe ser posible. Nada de bloques cerrados. Nada de levantar muros». Y subraya: «Somos la misma sociedad, somos el mismo pueblo. Tenemos que trabajar conjuntamente».
Al recordar su primera etapa, marcada por el debate sobre la educación, concretamente por la reforma educativa de la LOE y el lugar de la enseñanza de la Religión en la escuela, el cardenal valora el diálogo mantenido con los gobiernos, que permitió alcanzar acuerdos en algunas materias, como el de financiación. A su juicio, es importante «que nunca se deje de dialogar honradamente». Y puntualiza que «el diálogo fructífero consiste en no pedir al otro lo que el otro no puede dar, ni tampoco escaquearse uno de su propia responsabilidad».
Ese talante dialogante y la escucha fueron claves en su ministerio episcopal en la diócesis de Bilbao, de la que tomó posesión en 1995. Dos años después, ETA secuestraba y asesinaba a Miguel Ángel Blanco. El cardenal Blázquez presidió, en Ermua, su funeral. Recuerda que, con la dureza de aquellos años, «se puede comprender lo que significa cuando una persona, al coger el coche por la mañana, tiene que mirar los bajos a ver qué le ocurrirá».
En este contexto, subraya que la Iglesia condenó siempre las acciones terroristas y evoca la alegría que supuso «cuando la organización terrorista públicamente anunció que renunciaba al ejercicio de la violencia, porque fue un alivio para la sociedad en general, para todos nosotros».