Héctor Cebolla atribuye al «síndrome de la modernidad» la baja natalidad

El sociólogo del CSIC alerta de que «mucha gente parece creer que los costes de tener hijos son demasiado altos»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La natalidad en España está hoy en 1,1 hijos por mujer. Foto: Magnific.
La natalidad en España está hoy en 1,1 hijos por mujer. Foto: Magnific.

España, con una tasa de fecundidad total de 1,1 hijos por mujer, forma parte de una tendencia en natalidad compartida por sistemas políticos y culturas muy distintos. Héctor Cebolla Boado, sociólogo del CSIC, en un artículo difundido por The Family Watch, señala que en Turquía esta cifra llega a 1,4; en Colombia, Costa Rica y China al 1,1; y en muchos países del este de Asia, la cifra se sitúa por debajo de 1, como Corea del Sur y Tailandia. 

«Muchos de estos son países de renta media, con grandes diferencias respecto a Europa en bienestar y protección social. Sus trayectorias cuestionan la idea de que la muy baja fecundidad sea una consecuencia reservada a sociedades excepcionalmente ricas y educadas», revela en relación a la natalidad. En este sentido, «mucha gente, en países ricos y menos ricos, parece creer que los costes asociados a tener hijos son demasiado altos como para alcanzar la fecundidad que desearían». 

Para comprender «lo que sincroniza a la baja nuestro comportamiento reproductivo en lugares tan dispares», Cebolla Boado constata un debate en torno a la inseguridad laboral, el acceso a la vivienda y las dificultades de conciliación, así como los problemas para formar parejas estables. «Mi impresión es que estamos ante algo parecido a un “síndrome de la modernidad”, con causas que se acumulan y refuerzan. La educación prolonga la preparación para la vida adulta, mientras el empleo exige consolidar una posición antes de asumir nuevas responsabilidades», escribe. 

Un cambio cultural en natalidad

Aun así, la explicación global «más convincente» para el sociólogo es «la expansión de nuestros sistemas educativos», debido a que «desear lo mejor para nuestros hijos es un comportamiento muy humano». En términos generales, los padres desean que sus hijos prosperen «en sociedades donde la formación pesa mucho sobre las oportunidades futuras». Esa aspiración «eleva las inversiones que consideramos necesarias, tanto económicas como de tiempo y atención, y esto hace que tendamos a tener solo los hijos que podemos pagar», defiende. Se trata así de un «cambio cultural» que incide en «la cantidad y la calidad de los hijos».  

Poder conciliar es una de las principales demandas de las familias. Foto: Magnific.
Poder conciliar es una de las principales demandas de las familias en favor de la natalidad. Foto: Magnific.

En un contexto en el que no existe «una fórmula para recuperar un volumen significativo de nacimientos, no digamos ya el nivel del reemplazo generacional», las políticas públicas de apoyo para el cuidado y algunas reformas amplias de los permisos parentales «parecen funcionar, pero solo en el margen».  

Lo que dicen las encuestas 

En contrapartida, «una política familiar duradera necesita un acuerdo suficientemente amplio para sobrevivir a los cambios de gobierno», estima el sociólogo del CSIC, que reclama para ello «prestar atención a quienes desean formar una familia o ampliarla y encuentran obstáculos, es decir, a la mayoría de nuestra población».  

Por ello, los «apoyos públicos» que emergen de las encuestas del INE subrayan aspectos como la conciliación, la ampliación de los permisos de paternidad y maternidad, las asignaciones por hijos, y la demanda de escuelas infantiles asequibles y de calidad. Se trata de respuestas que «ayudan a identificar necesidades, aunque no demuestran por sí mismas qué medida produciría más nacimientos». Para saberlo, es preciso «estudiar con detalle quién llega al primer hijo y quién pasa al segundo o al tercero», atendiendo a sus circunstancias familiares y laborales. «Conocer esas diferencias es indispensable para diseñar apoyos», concluye Héctor Cebolla Boado.