José Ramón iba en el tren: «El Señor va a sacar grandes cosas de esto»

José Ramón Parrondo, presidente de Alpha España, asistió con oración y consuelo a los heridos y fallecidos en el accidente de Toledo

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto de los trenes accidentados
«En medio de todo aquello sentía la presencia de Dios». Foto: EFE.

El presidente de Alpha España, el arquitecto José Ramón Parrondo, iba en uno de los vagones del tren AVE que tuvo el accidente de trenes en Toledo la semana pasada. Resultó herido, pero durante esos primeros momentos ayudó, consoló y rezó con varios de los afectados. 

—¿Cómo te encuentras tras el accidente? 
—Me duele todo. Tengo varias costillas rotas y, además, un golpe en la zona abdominal. Tengo toda esa zona bastante inflamada y es lo que más me está molestando. 

—¿Y anímicamente cómo estás? 
—Por ahora estoy bien. Todo el mundo me pregunta por eso, pero yo estoy bien. Tengo la sensación de que el Señor me sostuvo en aquel momento, de que me tiene bien cuidado. 

—Han pasado ya unos días. ¿Qué recuerdas del accidente? 
—La verdad es que lo recuerdo todo. En ese momento me acababan de poner la bandeja del desayuno. Estaban sirviéndome el zumo de naranja cuando, de repente, llegaron el frenazo y el golpe. Después tuve la sensación de que el tren seguía avanzando y avanzando, sin saber cuántos metros recorría. Yo estaba inclinado y el tiempo pasaba muy despacio. Me preocupaba cómo iba a parar aquello, si nos quedaríamos en la vía o acabaríamos en algún talud. En ese momento eres consciente de que ha habido un accidente, pero no sabes que has chocado contra otro tren. 

Cuando finalmente se detuvo, yo estaba en el suelo. Me levanté y comprobé que estaba bien, que estaba entero. Tuve la suerte de poder recuperar mi teléfono y llamé inmediatamente a Belén, mi mujer. Le dije: «Ha habido un accidente, pero estoy bien». 

Rezando con los heridos del accidente de Toledo

—¿Y qué hiciste después? 
—Vi que a mi derecha había una chica que estaba muy nerviosa. En ese momento no sabía que estaba embarazada, pero estaba llorando y tocándose la tripa. Me dijo que estaba embarazada y que se había golpeado contra la mesa. Estuve un rato con ella intentando tranquilizarla, recé con ella, hasta que llegó otra persona que se hizo cargo de atenderla. Después cogí mis cosas. Estaban rompiendo el cristal para poder salir del vagón y finalmente conseguimos salir. 

Parrondo, a la derecha, con el equipo de Alpha España. Foto: Alpha España.
José Ramón Parrondo, a la derecha, con el equipo de Alpha España. Foto: Alpha España.

—Sin embargo, no te fuiste. Te hemos visto en imágenes atendiendo a otras víctimas. 
—Cuando salimos del vagón de tren conseguimos bajar el terraplén, lo que era bastante complicado. Una vez allí, como ya estaba más o menos estable, pensé: «Voy a ayudar en lo que pueda». Así que empecé a acercarme poco a poco hacia la zona donde se había producido el mayor impacto. Al principio ayudaba a salir a las personas que estaban bien, que necesitaban abandonar los vagones y bajar el terraplén. Y poco a poco fui acercándome a la zona más afectada. 

—¿Qué encontraste allí? 
—Cuando llegué a los vagones 6 y 7, recordé que tenía una compañera de trabajo en el vagón 8. Yo iba precisamente a una visita con un cliente y sabía que ella viajaba en ese vagón. Pensé que tenía que intentar llegar hasta allí para encontrarla, pero nunca fui capaz de llegar. Me iba parando por el camino porque me encontraba con otras personas que necesitaban ayuda. 

La señal de la Cruz 

—¿A quién recuerdas? 
—Creo que lo primero que vi fue a una niña que estaba boca abajo, con una pierna malherida. Me quedé un rato con ella, intentando tranquilizarla, hasta que llegó una señora que se hizo cargo de atenderla. Entonces seguí avanzando y me encontré con Mario [la persona cuya historia apareció en la portada de El Mundo y que gracias a José Ramón pudo contactar con su mujer]. Estaba en una zona donde había cadáveres. 

Estuve un rato con él, pero tenía al lado a otra persona que también sufría dolores y que tenía a sus pies a su compañera, que había fallecido. Él todavía no era consciente de que estaba muerta. Me decía que mirara cómo estaba ella y me preguntaba cosas. Yo solo pude hacer sobre ella la señal de la Cruz. Haces lo que puedes en una situación así, aunque sabes que no puedes hacer mucho más. También intentamos ayudar a aquel hombre a contactar con alguien. Como no conseguía hablar con sus familiares, llamamos al instituto en el que trabajaba, en un pueblo de Madrid, y pudo hablar con el jefe de estudios. Después seguimos ayudando. 

—¿Os organizasteis de alguna manera en esos primeros momentos para ayudar a los heridos? 
—Me incorporé a un grupo en el que había un médico de urgencias que viajaba en mi vagón, otras personas y algunos policías municipales, creo que de Urda o de Los Yébenes. Con trozos del propio tren hicimos camillas improvisadas, y así fuimos sacando a personas del vagón 7. La mitad del vagón estaba prácticamente desintegrada y la otra mitad había quedado completamente deformada, con muchísima gente dentro. Sacábamos a los heridos como podíamos. 

Tengo un poco de confusión con los tiempos y con el orden de todo lo que pasó. Llegó un momento en que ya había mucha gente ayudando y pensé que quizá estaba estorbando más que aportando. Entonces me fui a atender a las personas que estaban menos graves. Volví a encontrarme con aquella niña del principio, y después me dediqué a acompañar a quienes estaban en mejor estado, a charlar con ellos y a intentar tranquilizarlos. 

El testimonio de Mario, asistido por Parrondo, fue portada de El Mundo hace unos días.
El testimonio de Mario, asistido por José Ramón, fue portada de El Mundo hace unos días.

—¿Cómo afrontaste aquellos momentos tras el accidente del tren? 
—Mi intención era intentar que, dentro de aquella situación, hacer las cosas lo más agradables posible a quien tenía alrededor. Y luego iba rezando, encomendando a todas aquellas personas. 

En ambiente de oración 

—Desde el primer momento viviste lo que estaba sucediendo desde una perspectiva sobrenatural, te pusiste a rezar… 
—Yo normalmente tengo mi rutina cuando viajo en tren. Antes de que pasen el desayuno, no trabajo: estoy rezando. Entonces, rezo, escucho un rato de música de worship y después desayuno. Cuando termino, ya me pongo a trabajar. Aquel el servicio se había retrasado, así que durante tres cuartos de hora estuve rezando, escuchando música de alabanza y haciendo oración interior. Ya estaba metido en ese ambiente de oración cuando sucedió todo. 

—La cabeza fría y el corazón caliente… 
—Sí. Tuve la suerte de mantener la calma en todo momento y de tener claro que lo único que podía hacer era dar consuelo. No tengo ni idea de primeros auxilios, pero sí sabía que tenía que hacer lo que estuviera en mi mano. He hecho lo que habría hecho cualquiera. No creo que nadie hubiera hecho algo diferente en ese sentido. Puedes hacer lo que puedes hacer: rezar, intentar dar consuelo y acompañar a los demás. 

En todo momento tuve una sensación muy sobrenatural de lo que estaba viviendo. En medio de toda aquella guerra sentía la presencia de Dios. No me preguntes por qué, pero era como si el Señor estuviera en medio de todo aquello. En esa situación tan terrible, tenía esa sensación de que van a salir flores. Y creo que, gracias a eso, pude mantenerme tranquilo y en calma. 

—¿Sigues teniendo esa sensación de que, como dice san Pablo, todo es para bien? 
—Lo tengo clarísimo. Es un accidente terrible, hay gente que no puede entenderlo y ninguno de nosotros lo entiende. La angustia que han tenido que vivir los familiares de las víctimas ha sido terrorífica. Pero estoy convencido de que todo es para bien y de que el Señor va a sacar grandes cosas de esto. No las entendemos porque no somos capaces de verlo ni de comprenderlo. Se escapa a nuestra capacidad. Pero Él sacará muchas cosas buenas de todo esto. Estoy seguro.