León XIV en Casavalle: «No podemos pasar de largo» ante niños que tienen miedo de ir a la escuela

El Papa ha visitado uno de los barrios más vulnerables de Montevideo, marcado por la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades, y ha pedido que nadie permanezca indiferente ante el sufrimiento

Cristina Sánchez Aguilar
El Papa abraza a una de las mujeres atendidas por la Iglesia en Casavalle. Foto: OSV News photo/Yara Nardi, Reuters.
El Papa abraza a una de las mujeres atendidas por la Iglesia en Casavalle. Foto: OSV News photo/Yara Nardi, Reuters.

«No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver». León XIV llevó este sábado la parábola del buen samaritano a Casavalle, uno de los barrios más vulnerables de la periferia de Montevideo, para denunciar la violencia, la pobreza y la indiferencia ante quienes sufren.

El Papa eligió la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe para uno de los encuentros más significativos de su viaje a Uruguay. Allí escuchó los testimonios de vecinos que han sufrido en primera persona la violencia y el abuso, pero también de quienes han encontrado en la Iglesia una mano tendida para reconstruir sus vidas.

«No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos», advirtió. Y añadió: «Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles».

La imagen del buen samaritano fue el hilo conductor de su discurso. «Esta historia la podemos ver muchas veces replicada también hoy», dijo León XIV, al referirse a «los numerosos casos de inseguridad y de violencia» que amenazan la paz de los barrios y que «tantas veces la sociedad responde con la indiferencia».

Pero Casavalle le permitió mostrar también la otra cara de esa historia: la de quienes no pasan de largo. El Papa destacó la labor de instituciones y personas que trabajan para fomentar la paz y responder de forma concreta a las necesidades de quienes viven en situaciones de vulnerabilidad.

Entre ellos recordó al padre Cacho, Isidro Alonso, cuya vida estuvo dedicada a los sectores más pobres de Uruguay. «Supo tender puentes, derribar muros y generar encuentro», afirmó León XIV después de escuchar el testimonio de una vecina sobre quien está considerado una de las grandes figuras sociales y religiosas del país.

«Una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido»

El Papa pidió que la respuesta a los problemas de Casavalle no recaiga únicamente sobre quienes ya están trabajando en el barrio. «Tenemos que trabajar unidos: la Iglesia, la comunidad civil y el Estado», afirmó. «Necesitamos despertar de nuestras inercias y abogar por el bien común». Para León XIV, la alternativa está clara: «En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos».

La labor de la Iglesia, explicó, nace de la caridad evangélica, pero no pretende sustituir las responsabilidades de las instituciones públicas. Su misión es acercarse a «las heridas de la humanidad» con la discreción y la cercanía del buen samaritano.

El mensaje del Papa llegaba después de escuchar a tres vecinos que pusieron rostro a la realidad de Casavalle. Angélica habló de la memoria del padre Cacho; Alan, de cómo el Liceo Jubilar le ayudó a «cachetear el destino» y creer en un futuro diferente; y Katherine relató su experiencia como superviviente de la violencia y el abuso. «No nos suelten la mano, que nos miren a los ojos y nos digan: “Vamo y vamo, que se puede”», pidió ante el Papa.

León XIV quiso responder a esos testimonios recordando que una comunidad no puede permanecer indiferente ante el dolor de sus vecinos. «Necesitamos seguir apostando por la cercanía caritativa del buen samaritano que, al advertir la desgracia ajena, no fue indiferente, sino que se hizo cargo de la vida de su hermano».

Un barrio donde la Iglesia no ha pasado de largo

Casavalle no es un único barrio, sino una amplia zona del norte de Montevideo que reúne varios asentamientos y comunidades.. Es una de las áreas con mayores dificultades sociales de la capital uruguaya y su población convive con la pobreza, la falta de oportunidades, la inseguridad y la violencia vinculada, entre otros factores, al narcotráfico.

Pero el barrio también cuenta con una amplia red de obras educativas, sociales y pastorales impulsadas por la Iglesia, que acompañan a niños, jóvenes, familias y personas mayores. En la zona trabajan más de 15 obras eclesiales de distinta dimensión, según explica el párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, Pablo Coimbra.

Uno de sus referentes es el Liceo Jubilar Juan Pablo II, que atiende a unos 450 alumnos y combina la educación con el acompañamiento personal y familiar. Muchos estudiantes permanecen allí durante toda la jornada y reciben también alimentación y apoyo educativo y emocional. «En la Iglesia no nos sentimos al margen, estamos en el corazón mismo de ella», dijo Coimbra al recibir al Papa.