Pakistán quiere ejecutar a un cristiano por un delito de blasfemia
El Tribunal Supremo condena a la pena máxima a un informático acusado de blasfemar contra el islam
El Tribunal Supremo de Pakistán ha confirmado la condena a muerte del ciudadano cristiano Qaiser Ayub, de 49 años, tras ratificar un fallo previo que lo acusa de cometer delitos de blasfemia a través de internet por la presunta publicación de material ofensivo contra el islam.
Las sentencias de los tribunales pakistaníes no publican textualmente la frase o el comentario exacto que se juzga, por temor a que se pueda cometer un nuevo delito de profanación o a desatar violentas represalias públicas. Lo que sí señala es que el material considerado ofensivo contra el islam fue publicado en un sitio web o blog en internet.
Por su parte, Qaiser, graduado en informática, siempre ha argumentado en su defensa que él cerró su sitio web en el año 2009, pero un conocido de religión musulmana con el que tuvo una disputa laboral lo reactivó posteriormente, introduciendo los textos ofensivos para incriminarlo deliberadamente y saldar una venganza personal.
La blasfemia en un sistema a debate
El dictamen vuelve a poner en el centro del debate global las estrictas y polémicas leyes de blasfemia de Pakistán. Activistas y relatores de derechos humanos suelen denunciar de forma recurrente que este marco legal se utiliza de manera abusiva y arbitraria, sirviendo a menudo como una herramienta para perseguir a las minorías religiosas del país o para dirimir disputas y venganzas estrictamente personales.

En la práctica, el Estado mantiene una moratoria de facto sobre las ejecuciones por blasfemia, lo que significa que, históricamente, las autoridades no han llevado al patíbulo a ningún condenado por este cargo. Por lo general, estas sentencias de muerte acaban revocadas en instancias de apelación tardías o los acusados terminan en el extranjero debido a la fuerte presión diplomática e internacional. Ese es el conocido caso de Asia Bibi, a la que el Tribunal Supremo de Pakistán la absolvió de todos los cargos en octubre de 2018
Sin embargo, el mayor riesgo para la minoría cristiana no reside únicamente en los tribunales, sino en la violencia extrajudicial. La simple difusión de una acusación por blasfemia suele desencadenar fuertes disturbios, linchamientos y ataques masivos por parte de turbas extremistas, convirtiendo la seguridad de los implicados en una crisis humanitaria inmediata mucho antes de que la justicia dictamine una sentencia.