No es verdad 930 - Alfa y Omega

Para lo que me sirve preguntármelo, lo mejor, lo más lógico y sensato, sería quizá no volver ni siquiera a plantearme la cuestión jamás, pero cada vez que hay unas elecciones, sean generales, municipales o lo que sean, me resulta inevitable la pregunta: ¿Por qué diantre hay tantas cosas que, un mes antes de las elecciones, les resultan no sólo posibles, sino hasta prometedoramente imprescindibles a los candidatos a cualquier cargo público y, al día siguiente de conseguir el cargo, dejan de ser posibles e imprescindibles, y las olvidan hasta las próximas elecciones? ¿Por qué, sin ir más lejos, antes de unas elecciones, ven realistamente viable, por ejemplo, acabar con la zona verde y la zona azul en las ciudades, donde te sangran, por supuesto, pagando, por aparcar el coche como si no hubieras pagado ya el impuesto de circulación, y, en cuanto pasan las elecciones, vuelven a creer que la calle es sólo suya, te amenazan con el embargo si no pagas, y tratan de encontrar ávida, casi confiscatoriamente, otra fuente más de recaudar el dinero de la sufrida clase media (los ricos ya se las arreglan por su cuenta), como si no hubiera gastos inútiles y superfluos en los que se malgasta el dinero necesario? ¿Por qué, en definitiva, JM Nieto no puede tener más razón de la que tiene, en la viñeta que ilustra este comentario?

Desde luego, más vale tarde que nunca, pero a buenas horas mangas verdes el PP, que dice que nos gobierna, se acuerda de la familia, aunque casi ni se nota. No puede ser más verdad que, como ha escrito en una tercera de ABC el abogado señor Pérez-Orive, «no podemos vivir otra etapa como la de Zapatero y perder otros cuatro años por un cabreo mal curado», pero confundir un cabreo mal curado con el hecho de que, por ejemplo, en 770.000 casas de ciudadanos españoles no entra un euro desde hace años, es demasiado confundir. Confundir bienestar con riqueza material a secas y creer que, resuelto el problema económico —que ni eso—, esto ya es Jauja, es como confundir la prudencia con la cobardía y lo legal con lo moralmente lícito.

Tres años largos ha tenido el PP, con la mayoría más absoluta que nadie ha tenido desde la Transición, para ocuparse de la vida, de la familia, de la educación de los hijos, de la unidad de España, del cáncer autonómico, del desmesurado e intacto gasto público y, ¿unos días antes de ir a las urnas, se acuerda de las pensiones de las madres de familia? Desde luego, más vale tarde que nunca, pero a buenas horas mangas verdes y, además, me gustaría verlo…

Como me gustaría ver tantas otras cosas: por ejemplo, que los políticos, que no sólo juraron cumplir la ley, sino hacerla cumplir, la hicieran cumplir efectivamente a los de las esteladas catalanas, y a los de las banderas republicanas, que se pasan impunemente por el forro la ley, y vuelven a montar su zoco en Sol, el mismísimo día de reflexión…, y aquí no pasa nada.

¿Qué especie de venenoso bebedizo tiene el poder que, en cuanto lo rozan, o creen que lo van a rozar con la punta de los dedos, hasta los que parecían medianamente sensatos se tornan peligrosamente ocurrentes y creen y proclaman que algo positivo sólo puede hacerse antes de los treinta años, desde la inexperiencia? ¿Cómo es posible que nadie les haya enseñado, ni siquiera, precisamente, en la universidad, que sin jueces independientes y sin prensa libre no hay democracia que valga y que luego, si les apetece, ya vendrán las primarias y los pactos y los consensos y las componendas para que si, por lo que sea —que ya sabemos todos por lo que es—, no nos gustan los de la lista más votada, gobiernen otros? ¿Cómo es posible que asesinos etarras puedan salir de la cárcel para sacarse el carné de conducir? ¿Cómo es posible que la Generalidad de Cataluña pueda autorizar a 43 centros educativos a impartir diez horas más de francés, pero no dos en castellano? ¿Cómo es posible que a tantos políticos y candidatos a ello no se les caiga la cara de vergüenza al pronunciar, sin sonrojarse, la palabra decencia? Y, para que ningún tonto útil crea que por ahí fuera atan los perros con longanizas, ¿cómo es posible que en los superdemocráticos Estados Unidos haya sido condenado a muerte —en vez de, eso sí, a cadena perpetua pero de verdad— el autor del atentado del maratón de Boston, y lo cambien de Estado para poder ejecutar legalmente la sentencia? ¿Cómo es posible que, a estas alturas de la película, haya alguien inteligente que pueda creer que la muerte se vence con más muerte, y no con más y mejor vida?