La parroquia que enseña a sus feligreses a dar gracias por todo

En un barrio residencial, María Virgen Madre es un «contrapeso» al anonimato de la vida moderna. Está confiada a los Franciscanos de María

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Una de las reuniones de una escuela de agradecimiento de la parroquia.
Una de las reuniones de una escuela de agradecimiento de la parroquia. Foto: Parroquia María Virgen Madre.

Muy cerca del Palacio de Hielo, en la parte del barrio Hortaleza que limita con la urbanización Conde de Orgaz, se levanta la parroquia María Virgen Madre. Su territorio es un barrio residencial, con parques y zonas comunes, pero más bien dedicado a viviendas, muchas de ellas chalés independientes que dan a la zona un aire exclusivo. De los más de 6.000 vecinos que pertenecen a la parroquia, «la mayoría son de clase media-alta, y eso configura también la actividad de la iglesia», afirma Francisco Javier Martín, su párroco. Hace años, los niños eran una presencia abrumadora; hoy lo siguen siendo, pero menos: «Muchos de aquellos niños ya se están casando y se han tenido que ir a otros barrios, la mayoría a Valdebebas, porque la vivienda aquí es inasumible para muchos», dice.

María Virgen Madre se erigió en el año 2000, y tres años después ya tenía su templo, una construcción moderna que desde el principio fue encomendada a los Franciscanos de María, la realidad eclesial fundada por el sacerdote madrileño Santiago Martín unos años antes. «Nuestro carisma es, sobre todo, la espiritualidad del agradecimiento», cuenta Francisco Javier Martín. El origen de su asociación está en una visión de san Francisco de Asís en la ermita de la Porciúncula, de la que salió entre lágrimas diciendo: «El Amor no es amado». «Por eso, nuestra misión es hacer amar a Cristo», confirma el párroco de María Virgen Madre.

Un carisma único

De este carisma nace una experiencia única: las escuelas de agradecimiento, «para que todos nos podamos dar cuenta de lo que debemos agradecer a Dios y que de ahí nazca una respuesta desde la gratitud». Así, en la parroquia funcionan ya más de 20 escuelas, a las que pertenecen adolescentes, jóvenes, adultos y mayores de ambos sexos; a ellas se les suman multitud de escuelas online que nacieron durante la pandemia y que hoy llegan a 2.000 en todo el mundo. Cada semana, hacen una reflexión y una oración en común en torno al Evangelio del domingo siguiente, que se compagina con algo de formación doctrinal, bíblica o moral, a la que sigue un propósito práctico para la vida cotidiana, revisable y compartido durante la siguiente reunión.

Exterior de la parroquia
Foto: Parroquia María Virgen Madre.

Además de estas escuelas de agradecimiento que vertebran la actividad de la parroquia, todos los fieles son invitados una vez al mes a una charla o retiro sobre un tema de espiritualidad. Junto a ello, padres y madres pueden complementar esta formación con una conferencia específica sobre algún tema de educación de su interés.

Aparte de esta dimensión, en verano hay ejercicios espirituales de una semana, y una adoración eucarística todos los jueves después de cada Misa. Este momento de oración, una vez al mes, se convierte en una vigilia de oración específica por el Papa y sus intenciones, que llevan los jóvenes con cantos y palabras del Santo Padre. «Sin duda, la salud de León XIV será la protagonista de la próxima», confirma Francisco Javier Martín.

El interior del templo confiado a los Franciscanos de María.
El interior del templo confiado a los Franciscanos de María. Foto: Parroquia María Virgen Madre.

Este grupo de jóvenes se nutre principalmente de la Escuela de Nazaret, una iniciativa para niños de 7 a 13 años los sábados por la tarde. «La intención no es dar catequesis —dice el párroco—, sino que los niños se conozcan, hagan planes de ocio y recen juntos. Antes teníamos un grupo de poscomunión, pero no funcionó, porque al no haber sacramentos cerca en el horizonte, los padres no querían seguir».

En cuanto a la labor de caridad, al ser un barrio acomodado no hay mucha necesidad, por lo que la ayuda parroquial se destina a otras Cáritas. Precisamente este perfil de la zona ha hecho del vecindario un entorno más bien individualista, un lugar en el que no hay conciencia de barrio ni fiesta patronal, por ejemplo. En este contexto, María Virgen Madre se erige como «una presencia que aglutina a todos», y un «contrapeso» ante el anonimato de la vida moderna en un barrio mayoritariamente residencial.