Cuando llega el verano, muchas personas, miembros de comunidades o grupos parroquiales, cambian su entorno por unos días, buscando el descanso, la comodidad y también la renovación espiritual.

Es el caso de los miembros del coro de una céntrica parroquia madrileña. Durante el verano, siguen acudiendo a la misa dominical, pero no siempre en su comunidad, sino en otros templos de la ciudad. Un pequeño grupo de ellos acuden, con relativa frecuencia, a la parroquia de San Cristóbal y San Rafael, más cercana a sus domicilios que su parroquia de referencia.

Estando allí, un sacerdote los reconoce, se acerca a ellos sonriente y, tras saludarlos, les pregunta: «¿Qué vais a cantar hoy?». Y ellos, en lugar de reclamar su descanso, aceptan el reto y cantan en la misa lo mejor que saben y pueden.

Ese sacerdote se llama Andrés Martínez Esteban. Ha sido nombrado obispo, y pronto será ordenado en la catedral de la Almudena. Hemos conocido su amplia formación académica —teología, historia de la Iglesia, archivística, biblioteconomía— y derivada de su actividad en el Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, el seminario castrense y los diversos organismos y parroquias de la archidiócesis de Madrid. 

Su «coro de verano» conoce, además, cómo atiende a su comunidad parroquial, y también su aprecio por la liturgia y su atención al detalle. Se le añorará, sin duda, en su parroquia, pero hará, si Dios quiere, una gran labor siendo el obispo cercano y detallista que lo definen como sacerdote.

Álvaro Santos Iglesias
Periodista