Así eran las visitas del Papa Francisco a la cárcel que visitará León XIV

Patricia Alonso, responsable de Pastoral Carcelaria en la Conferencia Episcopal Argentina, recuerda cómo Jorge Mario Bergoglio «acompañó mucho esta pastoral»

María Martínez López
Alonso (izquierda) lleva donaciones a una cárcel. Foto: cedida por Patricia Alonso.
Alonso (izquierda) lleva donaciones a una cárcel. Foto: cedida por Patricia Alonso.

Había muchas razones para elegir el Complejo Penitenciario Federal de Buenos Aires o cárcel de Devoto para una visita del Papa León el día 11 de noviembre, último de su visita a Argentina. Una era su cercanía a la Nunciatura Apostólica, donde se alojará. Otra, que «es la cárcel a la que iba el Papa Francisco», explica a Alfa y Omega Patricia Alonso, secretaria ejecutiva de Pastoral Carcelaria en la CEA. 

Fue allí donde Jorge Mario Bergoglio empezó a lavar los pies a los presos los Jueves Santos. Alonso recuerda también que iba —al igual que a tanto sitios— en transporte público. Y que «se conmovía mucho al ver a las madres con cantidad de bolsas con comida y otras cosas para sus hijos y se acercaba a hablar con ellas». 

«Acompañó mucho a esta pastoral», algo que ella sabe bien por haber recibido su ayuda en diversas gestiones y haber compartido reuniones. «Se quedaba todo el tiempo, con su portafolios». 

A punto de cerrar

Otra característica de Devoto es que, siendo casi centenaria —se inauguró en 1927—, no llegará a cumplir el siglo. Está a punto de cerrar sus puertas ya que, al crecer Buenos Aires, fue quedando cada vez más céntrica y había protestas de los vecinos, asustados por algunos motines graves hace años. 

De hecho, «la mayoría de presos ya se ha trasladado a una cárcel federal nueva, mucho más alejada, y han dejado solo 78 presos para que esperen al Papa», pues el proceso se aceleró una vez la Santa Sede había aceptado el acto allí. Alonso valora la decisión de forma ecuánime: por un lado, el complejo «estaba en una situación deplorable»; por otro, el traslado dificulta mucho las visitas de los familiares y el traslado del mismo personal. 

En cuanto a la visita del Papa, que el edificio esté medio vacío posibilitará un encuentro más cercano con esos 78 presos y también con los delegados de Pastoral Cardelaria de todo el país. Aunque, en realidad, «en todas las cárceles están bien contentos porque viene el pastor» a visitarlos, en la carne de quienes comparten la misma suerte. 

«Hicimos que mandaran mensajes los presos, y los trabajadores del servicio carcelario también quisieron. Se le va a entregar un libro». Además, le van a regalar una estola hecha por los internos de Ezeiza, un centro donde aparte de cumplir condena reciben tratamiento de rehabilitación de drogodependencias. 

Alonso justifica que las visitas a las prisiones sean una de las actividades frecuentes en los viajes papales por el «mandato evangélico» hacia los presos. «León XIV va a encontrarse con Jesús en Devoto», asegura, como se lo encontró ella también visitando otros centros. Alonso espera que transmita a los internos el mismo mensaje que dio en Brians I, en Barcelona: «Dios te ama como eres pero te sueña mejor». 

Madre presa, hija presa

En cuanto a la realidad de los reclusos en el país, afirma que «la cárcel es un reflejo de la sociedad». Y ella ha visto casos como el de «una chica, interna, de 20 años que me dijo que su madre ya estuvo ahí. ¿Qué hicimos como sociedad» para que se repitiera el patrón?, se pregunta. 

«Te encuentras mucha gente en cuya vida el Estado no ha estado presente para nada, que ni siquiera fueron a la escuela» o no han tenido servicios de otro tipo. Otros chicos «nacen en familias destruidas por las adicciones y el Estado no los mira para nada hasta que los judicializa» y acaban en prisión. 

«El tema de las adicciones y la droga es algo a lo que hay que apuntar y no se apunta». Lamenta también que en febrero se rebajara la edad de imputabilidad. «¿Dónde van a meter a esos chicos, si las cárceles ya están superpobladas?».

Pero también apunta a los creyentes. Incluso dentro de la Iglesia, afirma, hay «rechazo cuando alguien pide algo para la cárcel». Algo que espera que cambie con los gestos y palabras de León XIV en Devoto.